El Estado no es una Apple Store

La secuela de DOGE ya tiene nombre, National Design Studio (NDS), y ya tuvo su primer papelón.

En junio, Ars Technica tituló una nota de una manera que lo resume casi todo: el plan de Trump para rediseñar todos los sitios .gov terminó en «horrores diseñados por IA». Días después llegó el desenlace. El National Design Studio, la oficina a cargo del rediseño, postergó oficialmente el marco con el que iba a estandarizar los sitios del gobierno federal. El plazo simbólico era el 4 de julio de 2026, el aniversario 250 de Estados Unidos que ya sabemos no cumplieron.

Esto podría ser la segunda parte de una película que partió hace un tiempo con DOGE, cambio en algunos de los participantes, pero la idea es la misma, «hacer TODO de nuevo y en poco tiempo», esta es buena lección para nuestros países, que gustan mucho de hacer todo de nuevo cuando entra una nueva administración.


Qué prometía «America by Design»

En agosto de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva creando el cargo de Chief Design Officer de Estados Unidos, nueva posición y oficina en el gobierno federal, en el centro del poder, la Casa Blanca: el National Design Studio. Para dirigirla Joe Gebbia, cofundador de Airbnb, ex integrante de DOGE y hoy también en el directorio de Tesla.

La promesa era ambiciosa: hacer que los sitios del gobierno fueran «usables y hermosos», esto lo grafica una frase que Gebbia repetía bastante, que el «Estado se sintiera más como una Apple Store». El objetivo declarado era que los 10 sitios más visitados , por donde pasa la mitad del país cada mes, pero el número que se instaló en la prensa fue otro: 27.000 sitios federales rediseñados, con sus primeros resultados para el 4 de julio del 2026, coincidiendo con la celebración de los 250 años. ¿La herramienta elegida para escalar a esa velocidad? Inteligencia artificial.

«El Gobierno ha quedado rezagado en usabilidad y estética (…). Es hora de tapar los baches digitales de nuestra nación.»

Orden Ejecutiva «Improving Our Nation Through Better Design», Casa Blanca, agosto 2025

Hasta aquí, el relato es impecable. El problema, como siempre, apareció cuando hubo que mostrar los sitios.


A la sombra de DOGE

Gebbia venía de DOGE, donde trabajó en la modernización del sistema de pensiones de los funcionarios federales. Un funcionario de la propia administración describió al National Design Studio como un sucesor de DOGE.

Cuando escribí sobre DOGE el año pasado, lo resumí como eficiencia convertida en espectáculo, más teatro que ingeniería según Financial Times. El National Design Studio es la versión estética de la misma película: diseño convertido en espectáculo, heredando algo de su estilo.

Pero además la iniciativa tiene un pecado original, menos de un año antes, DOGE desmantela 18F, el equipo de servicios digitales del gobierno federal. 18F no era un experimento, con un historial bastante impresionante: entre 2014 y 2025 completó más de 455 proyectos en 34 agencias, construyó y mantuvo Login.gov, el U.S. Web Design System y el IRS Direct File, la plataforma pública y gratuita para declarar impuestos sin pagarle a TurboTax.

En primer lugar destruyó la capacidad instalada que hacía exactamente este trabajo y después se creó una oficina nueva para prometer, en tres años y con IA, lo que ese equipo ya venía haciendo. Difícil imaginar una manera más eficiente de perder conocimiento institucional.

Primero destruyeron a los que sabían hacer la plomería. Después prometieron rehacerla en tres años, con IA y estética de tienda


Las fallas, una por una

Cuando salieron los primeros sitios, el diagnóstico técnico fue lapidario. Algunas de las principales críticas en diversas áreas son:

  • Accesibilidad: Diferentes análisis mostraron serios problemas de accesibilidad, tema no menor, ya que existe una norma legal (Sección 508) que obliga a que los sitios del Estado sean accesibles para personas con discapacidad. El medio NOTUS reportó que tres sitios del estudio reprobaron auditorías de accesibilidad hechas por Equalize Digital: texto con contraste insuficiente, estructuras de encabezado rotas.
  • Código generado por IA: El propio CIO federal reconoció haber usado IA para rediseños completos de sitios. Una especialista en accesibilidad, Anna Cook, revisó el código de AmericaByDesign.gov y alertó sobre un uso intensivo de contenido generado por IA sin edición, con técnicas obsoletas que además pueden abrir vulnerabilidades de seguridad.
  • Sitios sin servicios: De los primeros proyectos públicos del estudio, prácticamente ninguno conecta al usuario con un sistema donde pueda completar un trámite real. El «Trump Card» y el propio sitio del estudio tienen formularios que se envían a un buzón sin identificar. Y el sitio Safe DC ofrece exactamente un elemento clickeable: un botón, con efectos de sonido incluidos, que redirige a USAJobs.gov, un sitio de 1996.
  • Estética por sobre función. La mayoría de los lanzamientos no son servicios: son landing pages de las prioridades políticas del gobierno: inmigración, orden público, precios de medicamentos y nutrición. En TrumpRx hay un globo dorado de Estados Unidos girando a media página y un águila dorada abajo. Bonito, si a uno le gusta el dorado. Útil, no tanto.


Pero eso no es todo …

Todo lo anterior es un problema de calidad de diseño, pero lo que publicó The Guardian el 28 de junio es mucho más grave. Una investigación del diario encontró que el estudio no solo hacía sitios de baja calidad, sino que además los estaba usando para vigilar a quien los visitaba.

Según el análisis del medio inglés, el National Design Studio construyó y opera cuatro sitios federales ndstudio.gov, trumprx.gov, realfood.gov y trumpaccounts.gov ejecutaban el software comercial de rastreo, PostHog, configurado para esquivar los bloqueadores de anuncios y las herramientas de privacidad que usa mucha gente. El truco es sucio y elegante a la vez: los datos se enrutan a través del propio sitio federal, de modo que el tráfico parece actividad normal de la página y el bloqueador no sabe qué bloquear.

Y no era analítica básica. PostHog incluye grabación de sesión: puede reproducir cada clic, cada scroll y cada tecla que aprieta el visitante. Estaba instalado en los cuatro sitios y activo en dos. Una segunda herramienta, aparentemente hecha a medida, enviaba datos de los usuarios a un destino que no es visible en la internet pública. Ninguno de los sitios tenía las publicaciones que exige la ley estadounidense, Privacy Act de 1974 y E-Government Act de 2002, ni evaluaciones de impacto en privacidad.

Lo más delicado es sobre qué servicios estamos hablando. Según la investigación, el estudio habría construido versiones de servicios que por ley pertenecen a otras agencias: un sitio de pasaportes, una copia de Login.gov, la puerta de entrada que usan más de 150 millones de estadounidenses para todo, desde la seguridad social hasta los impuestos y una versión de vote.gov, el registro electoral que por ley maneja una comisión independiente y bipartita, justamente para que la Presidencia no controle quién vota. Login.gov habría quedado, según los reportes, bajo la supervisión de un ex ingeniero de DOGE. El estudio retiró el software de rastreo recién cuando The Guardian empezó a hacer preguntas.

Acá se cierra el círculo con lo que escribí sobre DOGE. En ese post ya advertía sobre los «Doge Kids» accediendo a datos sensibles de millones de ciudadanos sin respaldo legal, y las demandas por privacidad que vinieron después.

No es solo que los sitios sean feos. Es que, mientras los mirabas, ellos te miraban a ti


El error de fondo: confundir la vitrina con la cañería

La metáfora de la Apple Store es más reveladora de lo que Gebbia cree. Una Apple Store se siente clara y acogedora precisamente porque esconde casi todo: uno no sabe cómo funciona nada por dentro, entrega su equipo roto y este desaparece hacia una trastienda. Eso funciona para vender teléfonos. No funciona para un Estado, donde el ciudadano no viene a mirar vitrinas: viene a hacer un trámite que tiene que resultar y el quehacer del Estado requiere de rendición de cuentas (accountability)

Y acá conecto con algo que escribí hace poco sobre nuestra Ley 21.180. Cuando revisé el tablero de la Secretaría de Gobierno Digital, uno de los hallazgos era que en FirmaGob las instituciones habilitadas crecían rápido, pero las transacciones no seguían ese ritmo: una confusión clásica entre adopción y uso. Este caso en USA, es una versión extrema de lo mismo. Un sitio que parece una Apple Store pero no conecta con ningún servicio es adopción sin uso llevada al absurdo: la fachada existe, la función no.

El ciudadano no viene a mirar vitrinas, viene a hacer un trámite.


Lo que podemos aprender

Uno podría reírse desde la vereda del frente, pero la tentación que hay detrás de este proyecto nos ronda a todos. Es la idea de que modernizar el Estado es, sobre todo, un tema de plataformas lindas y de velocidad, y de que la IA nos va a permitir saltarnos la parte difícil.

He insistido mucho en esto: la transformación digital del Estado se juega en tres factores que no son glamorosos, esto es, i) presupuesto, ii) capital humano e iii) infraestructura base; y ninguno se resuelve con una interfaz bonita ni con un modelo generativo.

De este caso podemos extraer algunos aprendizajes:

  • No confundir velocidad con capacidad. Generar 27.000 sitios con IA en meses no es modernizar; es acumular deuda técnica y de accesibilidad a escala industrial. Este proceso se junta mucho con esa actitud habitual en la región, que tienen las administraciones entrantes de hacer borrón y cuenta nueva
  • Cuidar a los equipos que hacen la parte «aburrida» del proceso, los que mantienen las plataformas de uso transversal, que puede sonar un trabajo poco glamoroso pero esencial. Estas personas tienen un rol fundamental en el proceso de Transformación Digital y su desmantelamiento atenta seriamente con dicho proceso.
  • La accesibilidad no es un adorno. Un Estado que publica sitios que un lector de pantalla no puede leer no está modernizando; está dejando afuera a parte de su población con recursos públicos
  • Modernizar no puede significar saltarse la ley. Ni la privacidad, ni la transparencia, ni las agencias que por diseño no deben depender del poder de turno com lo muestra el artículo de The Guardian.

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