DOGE prometía eficiencia, pero trajo caos: errores contables, despidos masivos y servicios esenciales colapsados. ¿La lección? No se mejora el Estado con motosierra, sino con inteligencia colectiva, datos y principios
Durante décadas, los debates sobre eficiencia estatal han estado dominados por un enfoque binario: o se defienden todos los programas públicos a toda costa o se impulsan recortes draconianos con motosierra. El año 2025 nos entregó un caso extremo de esta última lógica: el lanzamiento del Department of Government Efficiency (DOGE) en Estados Unidos, impulsado por la administración Trump y liderado simbólicamente por Elon Musk, al cual se le vio en varios escenarios blandiendo una motosierra.
📉 DOGE: cuando la eficiencia se convierte en espectáculo
El problema no fueron las preguntas que planteaba DOGE —cómo reducir burocracia o eliminar duplicidades—, sino el enfoque destructivo, desinformado y centralista que adoptó. Como señala el Financial Times en su artículo“DOGE parece más teatro que ingeniería”.
Las cifras hablan por sí solas:
DOGE aseguró ahorros de US $170 mil millones, pero Partners for Public Service estimó que solo en costos de despido y recontratación se gastaron US $135 mil millones. En todo caso, en los ahorros planteados, hay una mezcla de ahorros con flujos de una vez como la venta de activos (los que no conocemos).
El NIH (National Institute of Health) sufrió recortes de US $4 mil millones, lo que, según el Center for Economic Policy Research, puede provocar la pérdida de 44.000 empleos y US $10 mil millones en actividad económica (Washington Post – Why Elon Musk failed)
Se detectaron errores graves en la contabilidad de recortes. Por ejemplo, se reportó un supuesto ahorro de US $8 mil millones cuando en realidad el monto real era US $8 millones, con ahorro efectivo de solo US $4,2 millones (The Guardian – DOGE cuts have harmed government services)
El USDA eliminó 5.700 empleos, lo que dificultó la respuesta a brotes de gripe aviar con pérdidas proyectadas en US $1.400 millones (Washington Post – Why Elon Musk failed)
Más allá de los números, el impacto en varios servicios públicos esenciales fue devastador:
La administración tributaria de los Estados Unidos – IRS, redujo su capacidad de fiscalización, lo que podría representar una pérdida de hasta US $500 mil millones en ingresos fiscales por evasión no detectada (Investopedia – DOGE Spending Cuts)
El acceso a servicios básicos se deterioró: aumentaron las demoras en atención a veteranos, jubilaciones y servicios sociales (The Guardian – DOGE Cuts Harm Services)
Jóvenes operadores sin experiencia, apodados “Doge Kids”, accedieron a datos sensibles de millones de ciudadanos (historial médico, seguridad social, impuestos) sin respaldo legal (Washington Post – Why Elon Musk failed)
Según encuestas citadas por Demos, el 71 % de los menores de 35 años rechaza el proyecto DOGE y la mayoría teme que haya dañado irreversiblemente la capacidad estatal.
⚙️ El problema no es la eficiencia, sino su caricatura
Como plantea Geoff Mulgan, uno de los principales expertos ingleses en materias de Innovación Pública y Modernización del Estado, en su ensayo DOGE Done Better (Demos, 2025), DOGE convirtió una necesidad legítima —eliminar desperdicio estatal— en un circo destructivo. Su aproximación fue “la de una guerrilla desorganizada que no comprendía los sistemas que intentaba destruir”.
Frente a ello, propone una alternativa: MOVE (Ministry of Value and Efficiency), una institución con principios, métricas y rediseño inteligente del aparato público.
🧰 MOVE: eficiencia progresista y rediseño institucional
El enfoque MOVE (se adjunta documento que lo describe con más detalle) se basa en cinco ejes clave:
12 formas de generar economías, más allá del recorte clásico: desde prevención, integración de servicios y plataformas digitales, hasta economías de flujo, escala, visibilidad y datos abiertos, algunos de sus enfoques son:
Clásicas: dejar de hacer cosas innecesarias, ajustar, demorar (cuando no hay otra opción).
De rediseño estructural: economías de escala, alcance (servicios integrados), flujo (reducir cuellos de botella) y penetración (concentrar servicios en zonas clave).
De relación Estado-sociedad: economías de compromiso (usuarios que participan más), responsabilidad (ciudadanos que asumen tareas), relaciones (confianza con proveedores o redes sociales).
De inteligencia y transparencia: visibilidad pública (reducción de costos vía rendición de cuentas), uso de datos abiertos y compartidos.
Combinadas: acciones que abordan más de un problema a la vez (por ejemplo, formación laboral y rehabilitación energética de viviendas).
Cultura de transformación, no de miedo: movilizar equipos con propósito y motivación, no con amenazas ni slogans
Se construye como un movimiento ético y político: no basta con buenos indicadores, hay que inspirar a quienes hacen funcionar el Estado.
Incentiva una mentalidad experimental: cometer errores está permitido, siempre que haya aprendizaje y mejora continua (“fail fast, learn fast”).
Apunta a reemplazar la obediencia por la responsabilidad informada y creativa.
El objetivo no es destruir, sino liberar capacidades atrapadas en reglas y estructuras obsoletas.
Uso estratégico y ético de la Inteligencia Artificial (IA), basado en evidencia, pilotos y aprendizaje continuo
Tratar la IA como lo que es: una herramienta generalista, no una varita mágica.
Usar IA para apoyar decisiones, no para reemplazar juicios humanos en áreas sensibles.
Aplicar pilotos escalables y medición rigurosa: sin datos, no hay eficiencia real.
Establecer marcos éticos, de gobernanza y contratos basados en resultados, no en consultorías sin compromiso.
Gobernanza en red tipo micelio (la red subterránea de los hongos que conecta árboles y permite colaboración silenciosa pero eficiente), con vínculos transversales entre niveles territoriales y jerárquicos.
Gestión por portafolio, con métricas claras de impacto, incluyendo herramientas como el multiplicador del valor público.
Diseñar cada intervención con una lógica de viabilidad e impacto, y priorizar aquellas que logren ambos.
Aplicar herramientas como el “multiplicador de la valor público”, que miden no solo el ahorro fiscal, sino que las otras dimensiones del valor público.
Evitar que los criterios de evaluación bloqueen la innovación: los proyectos radicales no tendrán evidencia inicial, pero necesitan espacio para probarse.
🌎 Relevancia para América Latina
En nuestra región, donde la tentación refundacional convive con burocracias ineficientes, y en el cual hemos visto una fuerte tentación de la motosierra, el caso DOGE es un espejo que advierte: destruir capacidades estatales cuesta mucho más de lo que promete ahorrar.
Como concluye Mulgan:
“Frugalidad es una virtud democrática. El desperdicio debilita la confianza. Pero cortar sin pensar, también es desperdiciar.”
🧭 Conclusión: cortar con inteligencia, no con motosierra
DOGE fue una oportunidad desperdiciada. En lugar de rediseñar el Estado, lo convirtió en enemigo. La eficiencia bien aplicada es vital, pero requiere inteligencia, evidencia, participación y diseño.
Efectivamente, el Estado debe ser más eficiente. Pero cortar por cortar, también cuesta caro.
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