Hay mejores formas de comunicar en 2026


El Estado produce cada vez más datos, pero sigue comunicándolos como si estuviéramos en 1985: correos largos, informes en Word y páginas de tablas que casi nadie lee.

Ayer recibí un correo del área de comunicaciones de un servicio público, en este caso fue el Consejo para la Transparencia, pero ojo esta es una práctica bastante habitual en el Estado. El mensaje venía acompañado de un informe en Word y un texto relativamente largo en el cuerpo del mail que intentaba explicar los resultados de una fiscalización sobre transparencia en las subsecretarías.


imagen de mail recibido desde el Consejo para la Transparencia


Nada particularmente extraño. De hecho, es exactamente el tipo de comunicación que el Estado ha enviado durante décadas. Y justamente ahí está el problema.

El correo contiene información relevante: mejoras en los niveles de cumplimiento, algunas subsecretarías con resultados destacados y, al mismo tiempo, brechas persistentes en materias sensibles como adquisiciones, contrataciones e información presupuestaria. Son datos importantes, porque hablan directamente de cómo el Estado gestiona recursos públicos y de la capacidad de la ciudadanía para fiscalizarlo.


Formato Inadecuado

Pero el formato elegido termina diluyendo ese mensaje.

Para entender realmente qué ocurrió hay que leer varios párrafos y luego abrir un documento Word adjunto con decenas de páginas. El lector debe hacer un esfuerzo considerable para llegar a algo que, en realidad, podría explicarse en pocos segundos si estuviera bien presentado.

Esto refleja una forma de comunicar muy arraigada en el sector público: la idea de que comunicar consiste básicamente en enviar el informe.

Pero comunicar no es distribuir documentos. Comunicar es hacer comprensible la información.

En este caso el problema no es la calidad del trabajo técnico. El informe tiene datos interesantes y evidencia un trabajo serio de fiscalización. El problema es que ese trabajo queda escondido detrás de un formato que responde más a la lógica administrativa que a la lógica de la comunicación.

Además hay otro detalle no menor: enviar documentos Word por correo es una práctica cada vez más cuestionada por razones de seguridad. Muchos sistemas institucionales incluso bloquean este tipo de archivos externos porque pueden contener macros o código malicioso.


Una posible solución

Hoy lo razonable sería enviar un enlace, un PDF o —mejor aún— una visualización web.

Lo interesante es que resolver este problema hoy es extraordinariamente simple. Tomé el mismo informe y lo pasé por un LLM con un buen prompt para transformarlo en una infografía que resumiera los hallazgos principales. El proceso completo tomó unos pocos minutos.

En una sola imagen se puede ver inmediatamente el nivel de cumplimiento, las subsecretarías que mejoraron, los sectores con mayores brechas y las áreas donde persisten problemas. Es decir, lo esencial del informe.


Infografía con datos del reporte del consejo para la transparencia


Los informes técnicos deben seguir existiendo. Son necesarios para el detalle, para la trazabilidad y para la revisión exhaustiva de los datos. Pero no deberían ser el punto de partida de la comunicación pública.

El orden debería ser otro: primero la visualización clara de los hallazgos, después el documento técnico como respaldo.


Buena práctica

Una buena práctica hoy sería algo tan simple como esto:

  • Primero, un resumen visual —una infografía o dashboard— que permita entender en segundos los resultados principales.
  • Luego, un enlace al informe completo para quien quiera profundizar.
  • Y finalmente, los datos abiertos disponibles para análisis más detallados.

Tres capas de información, pensadas para distintos tipos de lectores.



El Estado produce mucha información valiosa. El desafío ya no es producir más documentos, sino hacer que esa información realmente se entienda.

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