Gobierno Digital, algunos desafíos de nuestro país

Que el Estado perciba este proceso de transformación digital con un sentido de urgencia, pero no porque está en la ley, sino que por entregar mejores servicios a los ciudadanos

Hace una semanas desde la publicación especializada trendTIC me hicieron esta entrevista, para incluirlo en un número dedicado a Gobierno Digital, el cual incluye múltiples artículos y reflexiones frente a este gran desafíos país, aquí les dejo las mías.


Entrevista

¿Chile es un early adopter de tecnología ¿eso se ve reflejado también en la Transformación Digital del Estado?

Efectivamente, Chile es un early adopter en tecnología, pero eso se ve más bien al nivel de algunos servicios públicos, empresarial y sobre todo de usuarios finales.

En el estado, yo creo que Chile ha ido perdiendo esa característica, porque uno ve cómo otros países de la región (Uruguay, Colombia y otros) lo han sobrepasado en términos de ranking y de desempeño en materias de transformación digital en el estado.  Cuando se inició el proceso de digitalización del estado Chile mantuvo durante muchos años posiciones destacadas en la región, ese liderazgo se fue perdiendo con el correr de los años.

Entonces, te diría que no se ve del todo reflejado eso en lo que es el proceso de digitalización del estado.


Mirando hacia atrás ¿La Transformación Digital ha sido una real política de Estado en Chile?

Respecto de si la transformación digital ha sido una política de Estado en Chile, yo diría que ha sido bastante errático este tema, porque uno ve, por ejemplo, desde el punto de vista institucional, que hemos saltado de un ministerio a otro, que el área de Gobienro Digital ha ha dependido de distintas áreas, ha tenido distintas fuerzas o énfasis, si bien es un tema que ha estado en la agenda, pero yo diría que ha sido más bien marginal. Se a eso le agregas que las personas que han liderado el tema han tenido una alta rotación, sólo a modo de ejemplo, mientras en Uruguay durante 10 años lideró  el tema una persona en Chile pasaron más de 10 personas.

Probablemente con el tema, con la ley de transformación digital, esto ha tomado más relevancia, pero seguimos teniendo un problema bien fundamental desde el punto de vista de la institucionalidad, desde hace años que esto es sabido.  Me toco lidera un estudio para el Ministerio de Hacienda en esto, el año 2015, hace case 10 años, en el cual con un grupo de experto propusimos un modelo institucional, esto lo ratificó otro estudio de la OCDE, y seguimos más o menos igual.

De hecho, donde está hoy día esta institucionalidad, me refiero a Gobierno Digital, en el Ministerio Secretaría General de la Presidencia, hay un proyecto de ley (en discusión) para moverlo al Ministerio de Hacienda.

Entonces, esto se ha estado moviendo, lo cual demuestra que no ha habido claridad o al menos una visión de largo plazo en la materia.


¿La TD debería tener un rol más protagónico en la agenda nacional? ¿Por qué?

A ver, la transformación digital sí, debiera tener un rol protagónico en la agenda nacional, fundamentalmente porque hoy día cualquier desarrollo de un país en cualquier sector debe estar apalancado por tecnologías de información y por lo tanto las tecnologías son un motor de desarrollo de los sectores productivos y de servicios. Entonces la respuesta es sí, pues las TI tienen un rol protagónico y el desafío es cómo uno pone este proceso de transformación digital al servicio de un desarrollo de la agenda nacional del país, de la agenda de desarrollo del país.


¿Considera que la pandemia fue un punto de inflexión en la TD en el Estado? 

A ver, la pandemia, más que un punto de inflexión en el Estado, produjo un cambio bien sustantivo. Yo creo que este cambio lo produjo no solo en el Estado, lo produjo en la forma como educamos a nuestros hijos, en la forma como trabajamos, en la forma como nos entretenemos, y en muchas otras áreas.

Ahora, el problema fue que con la pandemia, ese proceso de digitalización, que no fue una transformación digital, sino más bien un proceso de digitalización, que se produjo, como dirían en el campo, a mata caballo. Es decir, dado que nos tuvimos que encerrar en nuestras casas en pocos días, tuvimos que trasladar todo lo que hacíamos en lógica presencial a una lógica online, sin hacer ningún rediseño, cambio, mejoría, no teníamos tiempo para eso.

Por lo tanto, lo que sí produjo fue un proceso de digitalización, y probablemente yo diría que el punto de inflexión más importante que produjo es que instaló un nuevo paradigma, en el sentido que nos dimos cuenta que sí se podían hacer cosas en la lógica online, lo que no estaba del todo instalado antes de la pandemia.

Lo que plantea para adelante es, cómo esto se hace de una mejor forma, con buenos rediseños, y con atributos de escalabilidad, seguridad y usabilidad de mejor estándar que los actuales.


¿Cuáles cree que han sido los principales obstáculos para avanzar a una mayor TD?

Los principales obstáculos en esto diría que han sido el entender que este proceso de transformación digital tiene que tener un buen modelo de gobernanza, contar con recursos, es decir un conjunto mínimo de elementos habilitantes para que esto ocurra de una mejor forma.

En primer lugar tiene que ser ciudadano-céntrico y no solo digitalizar las cosas que hacemos, sino que pensar en a quién le vamos a prestar ese servicio y diseñarlo acorde con eso.

Uno ve que en muchos servicios públicos este es un tema del que se habla mucho, pero que no se hace demasiado. Basta ver la destinación de recursos al proceso.  Originalmente esto tenía una estimación de recursos adicionales para llevar adelante la ley de transformación digital, el informe financiero de la ley 21.180 era de 4.8 millones de dólares en cuatro años para todo el sector público, en que si uno hace cálculos rápidos, 4.8 millones de dólares en 4 años y del orden de 600 instituciones (cobertura de la ley), eso da como 2.000 dólares por año/institución, no alcanza para mucho con eso.

Tanto es así que el estado de Chile le pidió un préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo por 100 millones de dólares. Pasamos de 4,8 a 100, casi 20 veces más.


¿Dónde deberían estar los esfuerzos actuales para la TD?

Yo veo dos áreas que requieren de esfuerzos importantes, primero hay un nivel de cómo establecemos un modelo de gobernanza de este proceso bien instalado en el sector público, con una institucionalidad bien definida y ya establecida en un lugar fijo, que no ocurra esto que mencionaba antes, que esté saltando de un punto a otro.

El segundo esfuerzo que yo creo que es que hay que sincerar, hay que sincerar y mirar plazos y costos.  Probablemente si hay que postergar las entradas en vigencia de algunas etapas, bien, que se haga, porque eso le va a dar más credibilidad y más realidad, sentido realidad a este proceso. Si no nos puede pasar lo que le ocurrió a los españoles, que tuvieron que postergar varias veces su entrada en vigencia de una ley similar a la nuestra.


¿Cómo visualiza el futuro próximo de la TD del Estado?

Más que cómo se visualiza futuro, porque va a depender mucho, como digo, por ejemplo, de esto de sincerar nuestra ley y poner plazos que sean razonables y recursos y todo.  Lo que me gustaría a futuro es que el Estado perciba este proceso de transformación digital por un lado con un sentido de urgencia, pero no porque está la ley, sino que por entregar mejores servicios a los ciudadanos y por otro lado, con una mirada, como decía, centrada en lo que requieren las personas, con una mirada ciudadano céntrica, en que los servicios que entregue el Estado estén diseñados e implementados en función de lo que necesitan las personas y no de lo que produce el Estado.

Hoy día vemos muchos servicios online que la verdad es que los diseñó, los implementó, no entiende exactamente lo que andan buscando las personas.  Por lo tanto, ahí me encantaría que ese fuera el futuro próximo de este proceso.

Otra cosa que yo creo que también es importante y que también probablemente es un deseo, es que haya continuidad de estas políticas públicas.  Un problema que hemos tenido, que no lo mencioné anteriormente, es que ha habido poca continuidad en muchos ámbitos y estos son procesos de largo aliento, por lo tanto, no le competen solo a una administración, sino que van a pasar de una administración a otra.  

Uno ve lo que ocurrió, por ejemplo, en Uruguay, en el cual la agencia se mantuvo y sostuvo esta política más allá de las administraciones de turno y pasó de una administración a la otra





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